jueves 7 de mayo de 2009

Palabras + Palabras - | La inseguridad en los medios

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Palabras + Palabras -, 24 de marzo
La versión completa se puede ver acá

Damos comienzo a este blog con el análisis de un fragmento del programa Palabras + Palabras – (TN Noticias, martes 23 hs.) que justamente pone en juego el tema que a nosotros nos concierne: la consistencia en los medios. El tema abordado es el de la inseguridad en los medios: ¿qué representación dan estos de aquella? ¿Es una representación consistente, adecuada? La pregunta es particularmente sensible ya que atañe a la percepción del grado de violencia que existe en la sociedad, a la sensación de vulnerabilidad que padece la ciudadanía; de ahí que el papel de los medios sea crítico en la formación de hábitos sociales y, sobre todo, de la presión política en torno a la criminalidad. La preocupación de los conductores Ernesto Tenembaum y Marcelo Zlotogwiazda es que haya un desfasaje entre la incidencia real, efectiva de la inseguridad en nuestra vida cotidiana y la que le adjudican los medios; más precisamente, que la representación mediática la esté sobredimensionando. A partir de esta hipótesis, emprenden un análisis para determinar su veracidad y, luego, sus posibles consecuencias; es decir, examinan si el rol de los medios es consistente. Ante este examen, nosotros preguntaremos: ¿es consistente su evaluación de la consistencia?

En primer lugar, los conductores explican que el tema los concierne personalmente: dado que trata sobre el trabajo periodístico, quieren esclarecerlo para evaluar cómo se está desempeñando su propia profesión; es un problema que los toca directamente y que, por eso, exige su consideración sincera y responsable. La aclaración puede no ser imprescindible, pero es de todos modos significativa ya que, por un lado, aboga por la transparencia y la responsabilidad de una profesión, y, por otro, pone como jueces a aquellos que mejor la conocen: ¿quién mejor para juzgar una disciplina que aquellos que la practican?
Dicho esto, la investigación del programa acude en primera instancia al testimonio de la ministra de la Corte Suprema, Carmen Argibay. De hecho, son sus declaraciones las que sirven de disparador para todo el análisis: Argibay asegura que los medios "inflan" el tema de la inseguridad, que su cobertura da a la criminalidad una dimensión mucho más vasta que la que verdaderamente tiene. Los conductores hacen hincapié en la idoneidad de Argibay, en su prestigio profesional y en el hecho de que sus denuncias son parte del ejercicio "coherente" de su cargo y que "no tiene nada qué ganar ni qué perder siendo antipática". Estos argumentos buscan justificar la elección de la fuente consultada y, sobre todo, la pertinencia de sus declaraciones. Pero la acusación a los medios no es sólo una idea de Argibay sino que es compartida por otras "personas muy respetables" como Carlos Zaffaroni y León Arsalnian; es decir, no se trata de una ocurrencia cualquiera sino de un juicio compartido por miembros prestigiosos del Poder Judicial y, por lo tanto, merece una consideración atenta.
Zlotogwiazda y Tenembaum estiman que la consecuencia más preocupante de esta amplificación mediática es que se genere un consenso en torno a "la pena de muerte como una supuesta solución o camino para resolver el tema de la inseguridad". Aquí el foco de la discusión se desplaza levemente pero sin dejar de lado el tema esencial, pues la legitimación de la pena de muerte iría de la mano con la exageración mediática de la inseguridad. Para contrarrestar el discurso a favor de esta medida, el programa agrupa los testimonios de conocidas figuras radiales, televisivas y artísticas que, una a una, exponen argumentos para desautorizar la pena de muerte. Lo destacable aquí son los varios de puntos de vista desde los cuales se analiza el problema: que la ejecución del criminal lo exime de cumplir su condena; que para castigar se recurre, paradójicamente, a la acción castigada; que no es útil para disminuir el crimen y que la verdadera solución radica en una reforma estructural de varios organismos y políticas del Estado. Una vez expuestos los argumentos, los conductores procuran distinguirlos de una lectura habitual pero equivocada: abogar en contra de la pena de muerte no es abogar por el delito; lo importante es pensar con "serenidad" y no dejarse llevar por la "histeria" que, muchas veces, es una consecuencia inevitable ante una situación que deriva de tener un Estado débil.

Habiendo señalado los aspectos consistentes del análisis, es necesario destacar ahora que el punto central de todo el asunto –la exageración de la inseguridad por parte de los medios- queda prácticamente en el silencio. Si se afirma que los medios están dando una representación equivocada del fenómeno, lo urgente y necesario es explicar cómo se advierte este desfasaje, en qué consiste esa exageración. La sospecha o la acusación sólo puede partir y fundamentarse desde una idea de cómo debería ser la cobertura adecuada, o al menos de cuáles son los excesos en que incurren los medios; pero nada de esto es planteado explícitamente y el análisis se limita a girar por fuera del núcleo del problema.
Apelar al testimonio de Argibay es ya una forma de soslayar lo esencial. De más está decir que el prestigio de un entrevistado no garantiza la veracidad o la pertinencia de sus ideas (en eso consiste la falacia de apelar a la autoridad); pero, aun cuando sus dichos sean ciertos, es necesario fundamentarlos, es necesario entenderlos. Argibay puede decir que los medios exageran, pero esta es tan sólo una conclusión: faltan los argumentos. Es cierto que la ministra afirma que la criminalidad es un problema que ha existido siempre y que "no existe más ahora", que su nivel no ha cambiado sustancialmente a lo largo de los años, pero este es el punto crucial: aquí es donde el análisis debe detenerse minuciosamente para entender qué ha cambiado, por qué se puede decir que ahora se le da "una amplitud brutal": ¿el desfasaje consiste en la extensión de la cobertura frente al índice delictivo? ¿O es más bien una cuestión de "estilo", un cambio en la forma en que los medios lo representan?
Lo más llamativo es que los conductores tienen conciencia de estas preguntas: hacia el final del segmento, Tenembaum aventura que, si bien la amplificación de los medios "es muy difícil de mensurar", puede tratarse de "la extensión de las coberturas, la repetición de los temas". Pero, en lugar de ser indagados, estos argumentos se desechan a favor de una "sensación", una suerte de corazonada de que la hipótesis es cierta. La mera sospecha, por ser tal, vale tanto como su contraria, y así resulta que casi no se ha avanzado en la respuesta a la pregunta, en la investigación del problema.
Es paradójico que el tema secundario –la discusión sobre la pena de muerte- tenga más elaboración que el principal, en el sentido de que al menos se exponen argumentos. Sin embargo, a raíz de los testimonios de los entrevistados, Tenembaum hace una sorpresiva observación: se siente aliviado porque "sigue habiendo gente buena". El comentario no hace al rigor de la exposición, pero da a entender que el debate puesto en juego no sólo está cerrado sino que distingue a los "buenos" de los "malos", y que es necesario abogar unilateralmente para que "se impongan" los buenos. Pero difícilmente será la discusión resuelta de este modo. La verdad sólo podrá ser vista por todos en la medida en que las posiciones medien una con la otra, en la medida en que se subsuman a una razón común y no se aíslen en la unilateralidad de la condena y la indignación.

En resumen, si bien analizar la cobertura de la inseguridad por parte de los medios responde a una iniciativa honesta y concienzuda, el resultado es insuficiente. El eje de la cuestión, el punto que permite entender y acaso solucionar el problema, queda desatendido y cede su lugar a testimonios ajenos y a vagas suposiciones que no ni explican ni fundamentan ninguna respuesta.
Los puntos sólidos rondan la periferia del planteo, mientras que al centro sólo llegan algunos tanteos imprecisos, inseguros. De todos modos, se reconoce que es "un tema abierto" y así queda pendiente la oportunidad de saldarlo o al menos enfrentarlo con mayor consistencia.

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